Pensé que todo sería perfecto. Que nuestra historia podría durar por siempre. Que esos te amo y sentimientos apalabrados no sería otra típica mentira de críos. Que cada llamada sería especial. Los besos, únicos. Los abrazos entrañables…
Ese momento en el que la persona en la que más confías, en la única en la que confías, hace lo peor por ti para que dejes de hacerlo.
Como ese beso bajo la lluvia en el que ni tan siquiera te importa el frío que haga o los problemas que existan alrededor; Tan solo busca ese momento donde solo estemos tú y yo.
¿Cómo se llama eso que hace que suframos viéndonos conectados y no nos dirijamos la palabra? ¿Eso que cuando discutimos hace que el nudo de la garganta no salga en forma de lágrimas? ¿Lo que me impide pedirte perdón primero? ¿Cómo se llama esas ganas de salir corriendo a abrazarte y sin embargo esperar a que tú lo hagas primero? ORGULLO. Sí, orgullo es la palabra. Esa que no deja actuar cuando te apetece hacerlo y espera siempre a quedar por encima de todo. Esa palabra que hace que desaprovechemos millones de oportunidades dejándolas ir por siempre, todo por el hecho de intentar vernos grandes. Sinceramente, puto orgullo.
Ese momento cuando mientras ves las estrellas piensas que durará por siempre. Nada durá siempre, así que aprovecha lo que tienes y vive el presente. Lo que tenga que pasar en el futuro pasará, nadie puede evitarlo.